Queridos amigos,
¿Alguna vez has pensado en la vida como un gran viaje? Hay momentos de alegría, de descubrimientos, de planes… y luego, de repente, aparecen obstáculos inesperados: el dolor, la enfermedad, la pérdida, e incluso la certeza inevitable de la muerte. Esos momentos nos sacuden y nos hacen preguntar: ¿Para qué todo esto?
La película «Antes de Partir» nos muestra precisamente eso a través de Edward y Carter. Dos hombres muy distintos que, al saber que les queda poco tiempo de vida, deciden embarcarse en una aventura.1 Al principio, su idea es tachar cosas de una «lista de deseos». Pero, sin darse cuenta, esa lista los lleva a algo mucho más grande: a buscarle un verdadero sentido a lo que les queda por vivir. Edward, un solitario, redescubre el valor de la familia. Carter, un hombre de familia, se atreve a perseguir sueños que había dejado a un lado. El dolor de su enfermedad, aunque terrible, se convierte en un empujón para transformar sus vidas.
Esto nos conecta directamente con un pensador fascinante, Viktor Frankl.2 Él no solo estudió el dolor, lo vivió en carne propia en los campos de concentración. Y allí descubrió algo asombroso: los que sobrevivían no eran siempre los más fuertes, sino los que encontraban un propósito, una razón para seguir adelante. Para Frankl, el ser humano no busca la felicidad como un fin en sí mismo, sino que la felicidad llega «por añadidura», cuando le hemos encontrado un sentido a nuestra existencia.

El dolor, nos dice Frankl, puede ser como una «alarma». Nos obliga a parar, a reflexionar, a darnos cuenta de que quizás estábamos persiguiendo cosas que no eran lo más importante. Piensa en esa madre que, tras perder a un hijo, encontró un propósito renovado al cuidar de su otro hijo, hallando paz en ese sufrimiento inevitable. O en el médico que aceptó su duelo como un sacrificio por el ser amado, dándole un sentido a su pena.
La frase de Frankl lo resume: «Si no está en tus manos cambiar una situación que te produce dolor, siempre podrás escoger la actitud con la que afrontes ese sufrimiento».3 Nuestra actitud lo cambia todo. Nos permite madurar y encontrar una libertad interior que nadie nos puede quitar.
Y la muerte, ¿qué papel juega en todo esto? Para Frankl, la muerte no es el final de todo, sino que le da un marco y un significado a la vida misma. Saber que somos finitos nos empuja a vivir con más intensidad y autenticidad. Si la vida no tuviera un final, podríamos posponerlo todo, y eso le quitaría la urgencia y el valor a cada momento. La conciencia de que un día partiremos nos impulsa a aprovechar cada instante y a ser responsables de lo que hacemos con nuestro tiempo.
Ahora, sumemos la perspectiva de C.S. Lewis.4 Él, desde su fe cristiana, nos ayuda a entender el dolor no solo como una experiencia humana, sino como parte de un plan divino. Para Lewis, si Dios es bueno y todopoderoso, ¿por qué permite el sufrimiento? Su respuesta es clave: el amor de Dios no es un amor «blando» que solo busca nuestra comodidad. Es un amor que busca nuestra perfección, que nos quiere mejores. A veces, para moldearnos y hacernos crecer, ese amor permite que pasemos por el fuego del dolor. Lewis lo llama el «megáfono de Dios para despertar a un mundo sordo». Es la forma en que nos llama la atención cuando nos hemos desviado, cuando necesitamos reconocer nuestras fallas y buscarlo a Él.
Entonces, la gran lección es esta: tanto Frankl como Lewis, a pesar de sus diferentes enfoques, coinciden en algo poderoso: el dolor y la muerte no son el final del camino, ni mucho menos experiencias sin sentido. Al contrario, pueden ser los escalones más difíciles, pero también los más importantes, para nuestro crecimiento personal y espiritual.
«Antes de Partir» nos muestra que lo que vivimos, nuestras acciones y, sobre todo, cómo enfrentamos nuestros sufrimientos, se queda con nosotros, perdura y trasciende. No se trata de buscar el sufrimiento, ¡para nada! Se trata de que, cuando llegue, lo afrontemos con la mejor actitud posible, con dignidad, o por amor a Dios completando como dice San Pablo “lo que falta a la pasión de Cristo” y busquemos el sentido que realmente tiene. Porque cada elección, cada paso, por doloroso que sea, nos acerca a una vida más plena y a la esperanza de algo que trasciende este mundo.

Pensemos como verdaderos hijos de Dios: “¿Por qué este sufrimiento, qué utilidad pueden tener para el cristiano los dolores y tristezas? ¿Por qué debemos llevar en nosotros la muerte de Jesús? Porque la Cruz de Cristo debe ser proclamada en el mundo, no solo con palabras, sino también con obras. El cristiano es una predicación viviente del Señor crucificado y resucitado. Si como dice san Pablo, nosotros solo queremos “saber a Jesucristo, y éste crucificado” (1 Cor 2,2), es necesario que vivamos esto en todo nuestro ser. No solamente en nuestro espíritu (a base de meditaciones sobre la pasión de Cristo), sino también en nuestro cuerpo, por los ultrajes, las persecuciones y las aflicciones vividas por el nombre de Cristo. Así Cristo nos asocia a su pasión, y los dolores que encontramos en nuestra vida cristiana nos convierten en testigos vivos y poderosos del Crucificado.”5
Como dijo el propio Frankl: «La muerte sólo puede causar pavor a quien no sabe llenar el tiempo que le es dado para vivir». Y como bien se señala: «Aprende a vivir y sabrás morir bien».
Artículo escrito por Alejandra Ruiz, miembro de la Academia Pharus. Mgtr en Matrimonio y Familia y Lic en Orientación Familiar.
pharuspsy.org
- Película “Antes de partir” (The bucket list 2007) protagonizada por Morgan Freeman y Jack Nicholson. ↩︎
- Frankl, V. El hombre en busca de sentido. (3era imp de ed.2004) Ed. Herder. ↩︎
- Frankl, V. El hombre doliente. (4ta ed. 2000) Editorial Herder. ↩︎
- Lewis, C S. El problema del dolor. ePUB v1.2 jlmarte 04.06.12 ↩︎
- Gelabert Ballester, Martín. OP. Le falta algo a la pasión de Cristo? https://nihilobstat.dominicos.org/articulos/la-falta-algo-a-la-pasion-de-cristo/ Recuperado el 15/7/2025 ↩︎
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